Rafael Puente
Terminó la esperada Cumbre Alimentaria (que en realidad pasó a llamarse Cumbre Agropecuaria, lo que ya era un síntoma preocupante) y sus resultados resultan sumamente preocupantes. Para empezar, los delegados de la CSUTCB eran la mitad que los delegados de la CAO y simplemente no se los escuchó.
Se hizo a un lado la Ley de la Revolución Productiva y se tomó decisiones que, en conjunto, configuran un horizonte mental de desarrollismo puro y simple -que siempre fue el horizonte de la CAO, por supuesto-, ignorando olímpicamente el horizonte del Vivir Bien y el de la Soberanía Alimentaria, al igual que los derechos de la Madre Tierra, para concentrarse en la expectativa de generar mayores recursos por exportación (¿Acaso para compensar la disminución de ingresos por hidrocarburos?). Y, para colmo, se hizo a un lado la Constitución Política del Estado (CPE). Pero vamos por partes.