Vientos tóxicos soplan en Bolivia

El día 18 de marzo de 2019 pasará a la historia como NEFASTO, cuando en una reunión en Santa Cruz entre el presidente, su vice y 6 ministros con los agroempresarios del Oriente...

 “…por primera vez el Gobierno dejó de lado su postura en contra de los transgénicos y aceptó que para llevar adelante un proyecto de biodiesel es necesario aceptar el uso de dos semillas de soya (Intacta y HB4), que provienen de un tratamiento biotecnológico y que son resistentes a la sequía”.

“Necesitamos para el biocombustible 100 millones de litros de aceite vegetal, para lo cual es necesario el incremento de 250.000 hectáreas.  El biodiesel permitirá bajar costos, reducir importación, disminuir la subvención al diésel y aumentar la producción de este combustible”.
  
(Nota de EL DEBER, 19 de marzo de  2019)

Veremos aquí que detrás de cada palabra bonita soplan vientos tóxicos, para el campo y la ciudad.  

¡Qué capacidad de no mencionar las cosas por su verdadero nombre, por el miedo a mayores protestas que afectarían diferentes intereses. 


En la reunión, tanto los funcionarios del gobierno como los agroempresarios (ANAPO, CAOIN) y dirigentes de los "pequeños productores" del llamado Bloque Oriente, fieles al oficialismo, se llenaban la boca de “biotecnología” sin mencionar las palabras TRANSGENICO ni GLIFOSATO; sin mencionar las protestas a nivel mundial contra las corporaciones del AGRONEGOCIO por miles de demandas por el efecto cancerígeno en la salud; sin mencionar la política permanente y planificada para comprar científicos, medios de comunicación y funcionarios; sin mencionar que solo 24 de los 197 países del mundo producen transgénicos y cada año son menos.                       

 

¿CÓMO ANDAMOS HOY EN BOLIVIA?


Hasta la fecha existe una sola variedad de SEMILLA DE SOYA TRANSGENICA aprobada por Ley por el presidente Veltzé meses antes de llegar a gobernar el MAS. Y, aunque la Ley de la Madre Tierra prometía disminuir el uso de  esta semilla transgénica, que siempre va acompañada de fumigaciones con agroquímicos (como es el tóxico GLIFOSATO), el gobierno de Evo Morales “le metía no más”. Hoy, 100% de la  soya en el Oriente es transgénica y ocupa casi un millón y medio de hectáreas, que es la mitad de la  superficie cultivada en el país.  

 
Un negocio redondo para los agro-empresarios extranjeros y bolivianos ligados directamente a las corporaciones del AGRONEGOCIO mundial, fabricantes de semillas transgénicas y agroquímicos (MONSANTO-BAYER). Un meganegocio que les permite millonarios ingresos al exportar harina y aceite de soya por más de 1100 millones de dólares por año, dejando miserables impuestos para el país; dejando además nefastos impactos en la salud de la población, a la tierra y al medio ambiente, a raíz de las fumigaciones tóxicas. La importación de estos herbicidas aumentó de 12 a 35 millones de litros por año (sin contar lo que ingresa por contrabando).

Vientos tremendamente tóxicos, que se incrementarán con el último Acuerdo firmado, al abrir 250.000 hectáreas MÁS, para cultivar dos nuevas variedades de soya TRANSGENICA (para biodiesel), hoy prohibidas por más de 10 leyes, decretos y normas.

 Y NOS PREGUNTAMOS:




•    ¿Por qué el gobierno de Evo Morales cierra los ojos ante este desarrollo tóxico que afecta la BIODIVERSIDAD, cuando hace unas semanas atrás habló en una reunión internacional en Viena de que el “Glifosato es tremendamente dañino”, causante de los altos niveles de cáncer en el país?

•    ¿Por qué deforestar tantas hectáreas de bosques (que permiten HUMEDAD), para meter semillas transgénicas “resistentes a la sequía”?

•    ¿Por qué insistir en este desarrollo agrícola de MONOCULTIVOS con semillas transgénicas (hoy soya, mañana maíz, algodón y azúcar)   que no significa un incremento en los rendimientos y que ahora es base del nuevo negocio llamado biodiesel, es decir “producir plantas para alimentar autos” (que fue reprochado por el mismo presidente Morales en su discurso en la ONU en 2008) ,  mientras llegamos al extremo de importar frutas, cereales y tubérculos por un valor de más  de 700 millones de dólares/año?

 
LA RESPUESTA ES POLITICA


  Los empresarios privados organizados -entre otras- en la ANAPO y la CAINCO, con el respaldo incondicional del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) y de algunas Federaciones de “pequeños” campesinos (Bloque de Oriente), recibieron todo tipo de beneficios: diesel subvencionado, seguridad jurídica, liberación de impuestos y ahora la aprobación (ILEGAL) de nuevas semillas  transgénicas, a cambio de su apoyo político-electoral al gobierno del MAS. 

Hoy por hoy, el gobierno de Evo Morales dejó atrás sus fantasiosos discursos sobre la “Madre Tierra” para obtener el respaldo político de este sector de agronegociantes, mientras los y las dirigentes de las organizaciones campesinas e indígenas oficialistas quieren ignorar los vientos tóxicos que acumulan nubes cada vez más oscuras sobre los pequeños productores y los consumidores del país.  


  • Se impone una lucha por VIENTOS NUEVOS para abrir mayor debate y protestas que eviten que  se legalice lo ILEGAL relacionado a los negocios tóxicos.
     
  • Se impone una lucha por VIENTOS NUEVOS de planes y programas gubernamentales a favor de una verdadera agroecología, que rescata la biodiversidad y los cultivos y saberes ancestrales.
     
  • Se impone una lucha por VIENTOS NUEVOS…. en lo político, económico y social.



12 de abril de 2019

María Lohman
Integrante de la Plataforma Bolivia Libre de Transgénicos


Mayor información que respalda esta nota en: 

www.bolivialibredetransgénicos.blogspot.com

FACE: “Yo no quiero transgénicos en Bolivia”

www.comitecientificodebiotecnologia.blogspot.com  del  Comité Científico de Biotecnología (desde la ciudadanía)

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